Desconfina tu empatía: el punto de vista del otro

Es habitual inspirarnos en nuestra sociedad actual cuando queremos hablar de algo que nos parece necesario mejorar. Las circunstancias, la propia idiosincrasia de los tiempos que vivimos, con sus luces y sombras, sirven de justificación para emprender el camino del cambio. Sin embargo, la inspiración para este artículo proviene de otro escenario, aunque también afecta a la sociedad: la pandemia del Covid-19.

Los largos meses de encierro han dejado su huella y todos, de una forma o de otra, nos vemos afectados por la soledad y el aislamiento. Es como si hubiésemos perdido la capacidad de conectarnos con los otros, como si el miedo y la angustia ante un futuro incierto nos hubiera robado las ganas de vivir. Y así, sintiendo las alas de nuestro entusiasmo cortadas, la convivencia se nos antoja innecesaria pues se nos hace más urgente la necesidad de sobrevivir. Sin duda, todas estas emociones están justificadas por el difícil momento que nos ha tocado vivir, pero es innegable que necesitamos el contacto humano para crecer y desarrollar nuestras potencialidades; ha llegado la hora de vivir en sociedad, la hora de desconfinar nuestra empatía.

Entendemos por empatía la capacidad de entender, comprender y compartir la situación emocional de otra persona. Lo que siempre hemos llamado “ponerse en el lugar del otro”. No todo el mundo tiene desarrollada esta capacidad que, en realidad, tiene mucho que ver con la generosidad ya que empatizar con los demás significa dedicarles tiempo y atención. Pero la empatía ofrece tantas gratificaciones, para quien la recibe como para quien la practica, que bien vale la pena el esfuerzo por trabajarla: mejora las relaciones sociales, ayuda a comprender la naturaleza de los otros y la propia (mediante del aprendizaje-espejo), contribuye a desarrollar el potencial emocional, etc.

El filósofo hindú Nilakanta Sri Ram en su libro El interés humano, dedica un capítulo a esta cuestión de la empatía. “El punto de vista del otro”, se sumerge en un análisis profundo de cuáles son las causas de nuestra dificultad para empatizar con las personas que nos rodean y cómo esta falta de empatía es el origen de la mayor parte de nuestros problemas de convivencia. Dice «podemos darnos cuenta de que muchos de los disturbios entre diferentes naciones, entre razas y comunidades, y los sociales y personales, son causados simplemente porque carecemos de la rectitud y justicia necesarias para comprender el punto de vista ajeno. Frecuentemente, cuando lo escuchamos, lo tratamos con poca cortesía (…)». Según Sri Ram, la falta de empatía hacia las opiniones de los demás, pone de manifiesto una carencia absoluta de tolerancia que es, según sus palabras, «una virtud que resulta de madurez emocional».

En lo que a tolerancia se refiere, vivimos en tiempos realmente paradójicos. Por un lado, se pide -cuando no se exige- tolerancia para todo lo que nos interesa al tiempo que es negada para todo aquello que resulta contrario a nuestras ideas. Hoy no se dialoga, se discute, porque parece ser más importante la defensa de los argumentos propios que tratar de entender al otro. Cuando dos personas manifiestan opiniones diferentes sobre un asunto, no hay un interés en comprender lo que el otro nos está diciendo – ¡no vaya a ser que nos convenza! -, sino que nos lanzamos desesperados a defender nuestra opinión como si fuese la única válida; el otro hace lo mismo y en lugar de establecer un diálogo enriquecedor que aporte diferentes visiones sobre un mismo tema, nos enrocamos en una disputa que no convence ni satisface a nadie.

Sri Ram dice que «un punto de vista, sólo por ser el nuestro, no es necesariamente correcto, ya que puede estar arraigado en prejuício. Nuestra razón, la que usualmente asumimos infalible, se mueve normalmente en la resbaladiza superficie de nuestras preferencias y antipatías (…) cuando decimos “éste es mi punto de vista”, no hemos dicho nada para justificarlo, sino que solo hemos declarado nuestra posición desde un pináculo de arrogancia del que no queremos ser desalojados». Dejar espacio para pensar que no somos los únicos poseedores de la verdad, es algo que los filósofos de todos los tiempos recomiendan. Porque todos los argumentos, en cierto modo, participan de esa Verdad que se nos escapa pero queremos alcanzar. Las circunstancias personales y de la propia sociedad, los prejuicios propios y ajenos, la educación que hemos recibido, la profesión ejercida… todo ello ayuda a conformar la opinión que tenemos sobre las cosas. Y todos estos factores nos conducen a tener una perspectiva diferente de un mismo hecho; pero esta variedad en lugar de llevarnos hasta el conflicto puede enriquecernos, ayudarnos a expandir los horizontes de nuestra mente.

Este ejercicio de tolerancia permite desarrollar nuestra comprensión al considerar que las ideas ajenas, por extrañas que nos parezcan, pueden tener sentido y justificación desde el punto de vista del otro. «Es necio refutar un punto de vista sin antes examinarlo», afirma Sri Ram.

Así como en la vida todo está sometido al cambio, también lo están las ideas y negarnos a ello es ir contra la corriente de la propia vida. Un sabio hindú dijo que «vivir es aspirar, crear, transformarse y triunfar» y en ello consiste la evolución, en transformar nuestra personalidad a medida que vamos madurando y avanzar. Sri Ram dice que «estar atrincherados en un punto de vista, al que llamamos propio, es ser un prisionero; y somos prisioneros de un punto de vista principalmente por falta de imaginación, no por falta de bondad innata». Nada mejor para el desarrollo de la imaginación que leer. Lamentablemente hoy en día la lectura es una práctica en desuso y encontramos miles de argumentos para justificar el no tener un buen libro entre las manos. Pero leer no sólo nos ayuda a desarrollar la imaginación al crear y recrear personajes, historias, escenarios, etc…, sino que nos pone en contacto con otras formas de pensar diferentes de la nuestra. Otros puntos de vista, otras perspectivas en las que podemos encontrar ideas y conceptos de los que aprender.

Afirma Sri Ram que admitir la validez que hay en otros puntos de vista no invalida los nuestros y que «(…) vivimos en un mundo de muchas dimensiones, aunque solo veamos pocas a la vez». Así como en el cuerpo humano hay millones de células de diferentes naturalezas y todas en conjunto forman un todo, así las diferentes opiniones pueden, encontrando cada una su lugar, conformar un orden social armónico donde todos tengan cabida. «El éxito de la vida colectiva debe depender de la plenitud de la vida del individuo» sostiene el sabio hindú y es que considerar el punto de vista del otro, que es fruto de su propia experiencia, es un ejercicio de respeto fundamental para lograr una sociedad ordenada y basada en la convivencia y en el «vive y deja vivir». Mantener una mente abierta es una actitud inteligente que nos permite desarrollar nuestra empatía, ayudarnos a nosotros mismos y, como consecuencia, a la sociedad porque muchos individuos felices forman una sociedad feliz.

Gracias a las enseñanzas de Sri Ram, vemos que empatizar es ponernos en el lugar del otro. Pero no basta hacerlo de cualquier manera, hay que poner la conciencia y el corazón en ello; hay que tender puentes allí donde otros construyen muros. Empatizar es ver al ser humano por detrás de las máscaras con las que nos defendemos de nuestros miedos, inseguridades y del dolor. Es extender la mano amiga, mirarnos a los ojos y decir, como Frida Kahlo, «todavía veo horizontes donde tú dibujas fronteras».

©Carmen Morales

Almada 28 de junio de 2021